"Chilacantongo" de Diego Franco: Reseña

Luis Jesús Galindo Cáceres escribe del álbum Chilacantongo de Diego Franco.

Luis Jesús Galindo Cáceres
Lunes 18 de Mayo de 2015

Miembros del Grupo. Gustavo Nandayapa (batería), Benjamín García (contrabajo), Diego Franco (saxofón tenor), Roberto Verástegui (piano y nord).
Nombre del disco. Chilacantongo
Duración del disco. 49 minutos
Siete segmentos. No tiemblo, vibro (8:46), Avutarda (7:14), Danza Chilacantonga (8:01), Voluntariamente a Fuerzas (3:59), Ente Vival (5:09), El Ambo (7:15), Jacarandas Extintas (8:47).
Composición.  Diego Franco
Producción Ejecutiva. José Fernández
Grabado y mezclado por Juan Pablo Aispuro, estudio ”La casa del Árbol”, México, D. F.  
Masterización.  David Darlington, “Bass Hit Recording Studio”, New York.
Arte y Diseño. David Espinosa -www.el-dee.net-

Diego Franco nace en una familia de músicos, su padre es trompetista. Siendo el más pequeño siempre estuvo rodeado de música. Sus hermanas son de formación clásica. El día a día eran ensayos, estudio, juegos musicales. Empieza a tocar piano clásico a los seis años. A los doce toma por primera vez el saxofón. Inicia sus estudios musicales propiamente tales en un taller de la Universidad de Guadalajara con el maestro Francisco Morán, al mismo tiempo que cursa la secundaria. En ese momento inicia también su vida de ejecutante en ensambles de música popular y en una banda sinfónica de viento en Tonalá, Jalisco. Esa experiencia es clave, el estudio es una cosa, tocar y leer para tocar en público es otra, escuchar para sacar las rolas fue su primera gran escuela a fondo. Una de sus hermanas le regala el disco de Giant Steps de John Coltrane,  eso encamina su vocación en el sax y el jazz a los quince años. Se detona la búsqueda de su sonido a través de los clásicos, como Sonny Rollins o McCoy Tyner. El disfrute y la curiosidad toman forma a los diecisiete años en un curso de sax en Guadalajara con  Donny McCaslin y Diego Maroto. Eso dispara el deseo de dedicar la vida al sax y al jazz. Y a partir de ahí todo vino en consecuencia, decidirse por la vida profesional del jazz al terminar la preparatoria, buscar pares y amigos en el medio tapatío, como Tom Kessler, Vico Díaz, Saúl Cobián, Willy Zavala, y moverse a la Ciudad de México en donde había más movimiento y oportunidades. Y así fue, y desde entonces todo ha ido muy rápido, conocer músicos, escucharlos, aprender de ellos, interpretar sus proyectos, articularse a ensambles diversos, formar parte de orquestas, todo en pocos años, hasta llegar a su propio cuarteto y su propio proyecto. Una veloz carrera para un joven músico que por poco rebasa los veinte años de edad.

La música es para Diego Franco su espacio y su tiempo vitales. La música mexicana le provoca una gran inquietud y curiosidad, lo mismo que la música contemporánea de todo tipo, y la música clásica. Estudia hoy clarinete como nuevo recurso de opciones hacia el futuro. Se deslumbra con la composición de autores clásicos del siglo veinte como Debussy o Stravinsky, o el mexicano Silvestre Revueltas, la configuración de la arquitectura del ensamble orquestal de este tipo de música contemporánea le cautiva. En la interpretación al sax disfruta y estudia a los clásicos del instrumento como Coleman Hawkins, Johnny Hodges o Lester Young, o de contemporáneos como Chris Potter, Bill McHenry o Tony Malaby. Reconoce una gran atracción por la música del trompetista Dave Douglas.

Conoce Diego a Roberto Verástegui en su época de Guadalajara, cuando graban juntos el disco de Vico Díaz, “Salmón” (reseña en Contratiempo Jazz, (http://bit.ly/1INqWd6), aparece Roberto para el ensamble cuando  Blair Latham se va de México y el proyecto de cuarteto sin piano se modifica, Blair tocaba el clarinete en la propuesta anterior a la actual en un juego de voces con el sax de Diego, sin piano armónico. La base rítmica de un ensamble es fundamental, Benjamín García en el contrabajo y Gustavo Nandayapa en la batería son el corazón del proyecto en este sentido. La combinación entre el poder y la capacidad explosiva de Gustavo “el Tavo” Nandayapa en la batería, con el sutil y limpio dominio de la tensión de Benjamín García en el contrabajo, otorgan al ensamble una sólida atmósfera rítmica para el desarrollo melódico y la improvisación del sax, voz central de la propuesta. Roberto Verástegui en los teclados ata todo este juego de voces del trío. Estamos ante un proyecto de formato clásico dentro de la configuración de ensambles en el jazz. Todos los elementos están ahí como componentes de una arquitectura diseñada para obtener lo mejor de las figuras jazzísticas tradicionales y sus variantes contemporáneas en la serie de estructuras formales y sus correspondientes tiempos rítmicos, melódicos y armónicos. Este es un proyecto de jazz contemporáneo, cierto, pero ante todo un proyecto de jazz, y por ello cumple con las normas básicas. Lo que sigue es la feliz convergencia entre la composición, la ejecución del ensamble y la situación de grabación o de puesta en escena en vivo. No hay una búsqueda de complejidad a priori, como en otros proyectos, la sencillez y su expansión expresiva es la guía, lo que permite que los músicos se sientan a gusto y tengan tiempo y aire para percibirse y acompañarse. Las tocadas en vivo muestran mucho esta cualidad, muy jazzística, estar bien, contentos, al mismo tiempo que concentrados en lo propio y escuchando a los otros. El disco en este sentido es la expresión de un movimiento que se fija en la grabación y se continúa en el proceso de cohesión constitución del ensamble hacia el futuro.

Para Diego Franco el principio del proyecto no es un plan de trabajo explícito que se desarrolla paso a paso, más bien es un efecto del trabajo mismo de cimentar una carrera profesional. Lo básico es el instrumento y su dominio en la ejecución y la sonoridad, el sax. Al tiempo aparecen ideas musicales que llegan al papel y después al sonido. Así, casi sin sentir, se van juntando composiciones, y un día ese grupo de notas toman la forma de un proyecto de grabación y un disco. El disco adquiere consistencia a través de la vida musical y personal de Diego en la Ciudad de México, pero al mismo tiempo cuatro de las siete rolas tienen su origen en su etapa de desarrollo en la Ciudad de Guadalajara. Todo sucede en alrededor de cuatro años, notas, ajustes, impulsos creativos iniciales. La historia de la composición está asociada en forma íntima con la experiencia musical directa en ensambles, primero un quinteto en Guadalajara, con piano, guitarra, bajo, sax y batería, luego el formato trío, pasando por un cuarteto sin la mediación armónica del piano, con clarinete, hasta llegar a la figura en la que toma forma el disco en cuarteto, con piano, bajo, batería y sax. ¿Cuánto puede cambiar una propuesta según el tamaño del ensamble y las características de los músicos? La historia de este disco es en buena parte la historia de Diego Franco como músico profesional en vivo, es la historia de música sonando, aconteciendo, articulándose de momento en momento, de lugar en lugar, de ensamble en ensamble. Un producto de la vida musical en un sentido situacional, música viva vivida en vivo. Es una pena que todo eso no se alcance a percibir del todo en un disco, de ahí la importancia de acompañar el proceso del músico, dentro de la ecología de su emergencia, el escenario, el corredor pautado de una tocada tras otra, asistir y escuchar en vivo.

La Danza Chilacantonga es la pieza ancla del disco, viene de una intención de narrativa y memoria de la vida en la Ciudad de México, reinterpreta los sonidos urbanos, mezcla de las danzas prehispánicas del centro histórico con los cantos de un vendedor ambulante del metro. Un guiño a lo vivido en la ciudad como un observador tapatío inmigrante. Voluntariamente a fuerzas, un juego de la memoria estudiantil en la imagen de aquello que sucede en ese tono, jugando con dos temas que se encuentran en la rola con una tensión similar a lo que marca el título. Jacarandas Extintas, memoria de los árboles de la avenida de La Paz en Guadalajara, que en otoño e invierno desaparecían por completo en su colorido, subrayando el ciclo de las estaciones y el ánimo que las acompaña. Cada rola tiene una historia, un momento de emergencia, lo que sigue es en ocasiones consistente en cierto sentido con su genética, pero en general no, el resultado es otro acontecimiento, envuelto en el proceso creativo de luces y visiones. Un relato viste la presentación de una rola, pero no es la rola, la música tiene siempre su propia genealogía vital, su propia historia. El trío de sax y el trío de piano se alternan y fusionan en No tiemblo, vibro. El sonido del piano eléctrico construye la atmósfera armónica de todas las rolas, sobre todo en Avutarda, El Ambo y en Jacarandas Extintas. El contrabajo adquiere una presencia especial en Ente vital. Las siete rolas aparecen una tras otra y de pronto terminan dejando un sentimiento de obra terminada y ansiedad ante lo que podría seguir.

La historia del disco inicia como una grabación para hacer una serie de videos en el estudio de La casa del Árbol, el lugar de Juan Pablo Aispuro, ingeniero de sonido contrabajista del infinito. Los videos no se concluyeron, pero el audio quedó. La grabación ocupó poco tiempo en el proceso para los promedios normales. Al escuchar el material grabado e iniciar la mezcla el disco tomó forma. Juan Pablo lleva la mezcla a un ingeniero en Nueva York, aprovechando un viaje por allá llevando otros proyectos, como el del XUC Trío de Juanjo Gómez, con el Chuck Rodríguez y Jorge Servín (reseña en Contratiempo Jazz(http://bit.ly/1B8VQ9l), David Darlington es el ingeniero, la masterización se realiza con éxito, y todo queda listo para la maquila. La participación en esta etapa final por parte del productor José Fernández, el empresario de The Jazz Place en la Ciudad de México es sustantiva. El diseño de arte lo hace David Espinosa, del equipo de trabajo de Jazzatlán, casa de la música del infinito en Cholula, Puebla. El disco sale y se presenta en el mes de mayo, se puede comprar por internet y se va distribuyendo de mano en mano, por el momento, en el formato de disco compacto. Cada historia de la producción de un disco es distinta, compartiendo los puntos necesarios para su manufactura física, e incluye también una cadena de acontecimientos que posibilitan e inhiben su realización. La historia de este disco es peculiar, inicia como otra cosa, y termina como el primer disco de un joven músico de jazz, que con este proyecto promete mucho, es seguro que seguiremos escuchando la voz de su sax en diversos ensambles, pero también es seguro que seguiremos escuchando el desarrollo de su propuesta de música original. Esto es sólo el principio de una larga, gratificante y prolífica carrera para Diego Franco.

Contacto.-
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Para comprar y escuchar la música.
 
https://itunes.apple.com/us/album/chilacantongo/id991986634 



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